lunes, 24 de noviembre de 2008

chicatanas


Cuando era un bebé, cuenta la leyenda familiar, se me dejó en un canasto de pan, cerca del horno en la cuadra de la panadería dónde vivíamos.
El mito continúa con que fuí cubierta por un ejército de hormigas voladoras, negras.
Y que me rescató el "maestro de pala".
Las hormigas fueron apareciendo en mi vida, en momentos de clivaje.
Cuando estaba por dar las últimas materias de la carrera, y estudiaba en el piso, porque era el lugar más fresco de la asfixiante piecita que tenía en otra panadería, cayó sobre el libro un manojo hirviente de hormigas voladoras, sobre el libro de medicina, el Farrells.
a esa edad todavía pensaba que era algo normal.
Con los años me dí cuenta que no es frecuente que las hormigas voladoras anden tan perdidas.
Esta mañana, estoy cubierta otra vez de hormigas voladoras.
¿Que mensaje me traerán?.
Tal vez sean como los colibríes.
Mensaje de los dioses.