miércoles, 8 de febrero de 2012

Lady Merceditas

Lord Jim. Joseph Conrad / 1900 / Aventuras / Gran Bretaña
Crónica épica de culpa y redención, ambientada en los mares de Asia, y con el estilo objetivista típico del autor.
«Un necio con puro miedo y finos sentimientos» escribe Joseph Conrad «se siente siempre a salvo». No sus héroes. Como Almayer, que lo precede en cinco años, como Kurtz y Marlowe, que vendrán dos años después, sabe el protagonista de Lord Jim su fragilidad absoluta, más allá de los ensueños de la fuerza, pues que, al fin, «la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros».
Miserias de gran señor, llamó Pascal, en el siglo XVII, a esa trágica instalación en la consciencia de la propia miseria que define la condición humana.
Los héroes de Conrad lo son siempre desde un hondo horizonte de sinsentido y de culpa.
Y, si sinsentido y culpa están condenados a permanecer siempre, a sólo morir con ellos, la grandeza de esas criaturas, envueltas en una aventura siempre amenazante, es la de confrontarse a ella aun a sabiendas de lo inevitable de su derrota, de su destrucción. «He visto orillas misteriosas, aguas inmóviles, tierras de oscuras naciones en las que acecha una Némesis furtiva. Pero todo mi Oriente cabe en aquella visión de mi juventud: un destello de sol sobre una orilla extraña».
Extranjería universal de lo humano, que tomará su forma más majestuosa en ese minucioso descenso a los infiernos que es El corazón de las tinieblas.
En el conflicto entre sueño y realidad, en la lucidez que dice a todo hombre que vivir es sobrevivir y degradarse en la supervivencia, los héroes de Conrad tallan su ideal estoico y amargo:
la intransigencia final del gesto bello.


Lord Jim y mi Merceditas es su paradigma.