lunes, 6 de junio de 2011

Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis

Cuando tenías 15 o 16 años, volvías de la casa de una amiga y como siempre, temeraria, decidiste contra toda opinión volver caminando.
A la vuelta de casa te encañonó un violador..
Recuerdo el hematoma en tu mejilla izquierda.
Y vos le hablaste.
No sé que argumentos usaste durante 40 minutos que duró el episodio.
Algo me dijiste; sobre que vos eras virgen, y que porque no buscaba una prostituta, que vos le dabas el dinero para que a una cuadra por Irigoyen consiguiera una prostituta.
Rídiculo, porque su instinto era violar, pero bueno.
La historia termina con el violador trayéndote a casa, y retándote por andar sola a esas horas de la noche.
-Tenés que cuidarte, te puede pasar cualquier cosa.
 Estabas eufórica.
Habías pasado una situación traumática y la habías piloteado.