viernes, 2 de marzo de 2012

Los que viajamos hacia la muerte.

 El Sarmiento,que ambiente, Merceditas!
El tren abarrotado, algunos que llorábamos, otros persignándose, los menos con auriculares, bebés curiosos bonitos, toqueteando.
Cada frenada, cada tremulación generaba un silencio de solidaridad, porque si algo pasaba nos iba a pasar a todos los que allí estábamos.
Hubo, sí más respeto para el otro, el próximo, el prójimo.
Más decencia al bajar y subir, muchos comentarios para esos desconocidos, conocidos y hermanados por la misma tragedia:
 La de ser humano y estar sometidos a la fragilidad de nuestros cuerpos.
Eso que anticipó Kierkegaard en Temor y Temblor. Nacemos para la muerte, y la vida es lo que pasa en el medio. Y ahí en ese tiempo que no sabemos cuanto, debemos ser lo mejor que se nos dé, con  la maquinaria perfecta y frágil en la que se traslada nuestra conciencia.
Me remuerde la conciencia, por no haberte creído tantas cosas, y también por haberte creído otras tantas más.