sábado, 29 de diciembre de 2012

Sobrevivimos

La terrible tormenta del cuatro de abril de dosmildoce a las ocho menos diez minutos es una prueba de lo desvalidos que estamos los humanos. Se le pinta a la madre natura mandarnos un vaya a saber que, y todo se derrumbó; el cedro perforó el techo de tejas y cayó un balde de agua sobre esta computadora, que se la bancó;el ciprés de más de cien años se retorció sobre su eje y se partió cayendo sobre la casa del vecino, y cuando mi hija me toma de la mano, y me pregunta- ¿Qué hacemos?, contesto-Y,... nada, mientras acaricio a Durga que está a nuestro lado con el pobre Fausto, más joven y menos ducho.Recuerdo el terrible ruido que hizo el abeto al impactar sobre la casa de 1895. El viento lo desarraigó y, enorme árbol de otras latitudes, cubrió todo el techo. Cuando pasó, me había quedado la casita del bosque tan soñada, pero a fuerza de machetazos salimos a la calle con mi hija. La furia del viento nos hizo mejores vecinos y todos nos ayudamos, y nos consolamos. En Hurlingham se sabe por colegas del Same que el viento se llevó un bebé. Horrible. Esta tormenta pasa en Semana Santa. Mi hija, la arquitecta, dijo algo muy sabio para alguien tan joven:- Dios nos preguntó ¿ quieren vivir? y todos le contestamos sacando las escobas, barriendo, sacando ramas, - Sí, queremos. De la solidaridad inicial pasamos a los carroñeros de la especie. Desde el psicótico que quería quitar el abeto con un serrucho, hasta los "especialistas" que cobraron 4000$ por árbol, más los techistas improvisados, más la buena gente que no aumentó sus precios, sacando leña del árbol caído, y esta antigua metafóra adquirió en esos tristes días toda su actualidad. Frente a mi casa estaba el chalet de Juancito Duarte, una preciosura, quedó destruído. Y mi casa de adobe se la bancó.La estructura resistió.Le quedó una muesca en el techo, pero dejamos la raiz, como una Medusa, como una cicatriz. Fué otro golpe,como del odio de dios, y nosotros pobre...¡pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada. Tragedias que se metabolizan desde lo personal como este blog. La municipalidad progre de Sabatella, Lucas Ghi, ni mu. Y cobran impuestos como en zonas más acomodadas, pero eso es otra historia.