domingo, 16 de diciembre de 2012

Yo misma preguntaré por que escribo

Para vivir después del suicidio, me metí en las granjas de feisbuk, en las slots, en las películas bajadas de mejor en vo, en la reflexión, en la escucha de los taxistas y remiseros, que te tienen que escuchar, casi obligados pobrecitos, porque no se pueden dar vuelta; cuando no me querían dejar volver a la guardia y me mandaban a tarea pasiva, es decir a firmar las recetas de otros, pero también ubicarse en el lugar de la culpable, peleé y logre que me hicieran el psicodiagnóstico que probara que tenía disociación operativa-sí,eso-, y tuve suerte y,si, me puedo disociar para trabajar; no quiero dejar la guardia, hubiera sido mortífero. Y estos días tan trágicos, tan de dolores que afloran en girasoles y cumpleaños, en que recuerdo partos y partidas, en que pienso en Merceditas con una angustia distinta, con nostalgia, mi hija sobreviviente, me encuentra llorando frente a la PC, y con ese estremecimiento que tanto conozco, me incita a cambiar una vez más. Reivindico mi derecho a llorar. Pero ella me hace recordar a Shirley Valentine, ya que ahora,como adulta joven ha decidido elegirla como una de sus películas más vistas, y me lo explica de una nueva manera: Shirley Valentine decide cambiar cuando dice no.Cuando cambia la infeliz rutina y asi realiza un acto de psicomagia. Debo decir que el petulante de Jodorowsky me altera-de alter, el otro, aquel que bien conocemos- ya que roba ideas de sabios no populares,infames y famosos, y las vende a inocentes, bueno, ignorantes creyentes.Bien el nefasto ojo de oro, como quiere creerse él o jodo sky como le digo yo, le puso nombre a esa mixtura psico, supersticiosa, discordiana y de magia del caos, y casi casi como un político, a partir de estas, a veces disparatadas recetas, la junta en pala, y comete nepotismo de paso. Pues bien mi acto integrador tuvo algo de esta técnica, me integro, junto los blogs: cerriwden, berenice, durga: soy toda yo. He atravesado el infierno. Pero el martes, llevaré girasoles a la tumba de mi hija; coseré un ambo negro de lino italiano con la inestimable ayuda de mi profesora virtual, amaré a Fausto, que espera sin saberlo la dolorosa muerte por leiomiosarcoma; charlaré con el cuidador de la tumba de Merceditas sobre nuestros hijos muertos tan jóvenes. Y todo esto lo hago como una terrible penitencia y la pesada carga de la culpa del sobreviviente;
pero vamos Mercedes, por algo pediste que no me desmoralice.