lunes, 10 de agosto de 2009

La Muerte y otras certezas.


Pareciera que la muerte ha dejado de ser natural.
Algo así como si nos debieran enseñar a morir, casi una destreza exótica que sólo logran hacer bien los especialmente entrenados.
La muerte de las plantas, por ejemplo, nos deja anonadados.
Creo, aunque es imposible comprobarlo, que las plantas no tienen receptores para el dolor. Pero mueren. A mí se me murió un ciprés; la causa iría a autopsia si fuera un humano, es decir fué una muerte dudosa.
Quedó muerto como decía Casona que mueren los arboles, de pie. Sin quejas, y si atravesó un período de agonía hacia su muerte nunca lo sabremos.
La muerte de un pájaro en las mandíbulas de mi gata no es un espectáculo agradable. El ave se resiste al principio aletea desesperada, después queda lánguida pero todavía está viva. Parece que en el instante en que es atrapada su cerebro libera endorfinas, que tienen las propiedades análgésicas del opio.
No sé si esto es cierto o no. Para comprobarlo tendría que inyectarle naloxona que es un antagonista opiáceo, y si el animal se retuerce de dolor entonces mi teoría estaría comprobada.
No es algo que me interese hacer.
He presenciado muertes horrorosas para el que está vivo, pero la que iba a morir estaba lúcida y sin darse cuenta de lo que le había pasado a su cuerpo.
El dolor parece ser útil cuando todavía se puede escapar, pero cuando ya no hay retorno en el camino hacia la muerte, es probable que el dolor se desconecte, y los mecanismos para hacerlo son maravillosamente rápidos y precisos.
Si se tuviera que diseñar un ecosistema dónde la muerte fuera una variable indispensable de la vida no se podría pensar una forma mejor de disponer las cosas.
Montaigne, quien padeció un accidente casi mortal, tuvo lo que ahora se vende como experiencia cercana a la muerte y en uno de sus ensayos nos deja este aviso:
Si no sabe usted como morir, nunca se inquiete, la naturaleza le dará instrucciones completas y suficientes en un momento; ella tomará por su cuenta el asunto; usted no se cuide de ello.
Releyendo Historia de la Eternidad de Borges, encuentro un ensayo sobre La metáfora, que comienza analizando la estructura de este tropo del lenguaje y que termina siendo una recopilación de las más bellas metáforas de la literatura.
La muerte es nombrada como hermana del Sueño.
Los marineros del Danubio rezaban: Duermo; vuelvo a remar.
Y los fenicios oraban: Madre de Cartago, entrego el remo.
Klemm, escribió: La muerte es la primera noche tranquila.
Estoy en deuda con Borges desde que me enseño a entender Stormy Weather ,esa canción tan melancólica y suicida, que en una de sus estrofas desgrana
Old rocking chair and get me...
Old rocking chair es la última siesta de los negros en el sillón hamaca.
Por todo esto la muerte que viene preocupando a la criatura humana desde el inicio,supongo, siempre es natural.
Que se la quiera evitar es uno de los grandes engaños de la civilización.