sábado, 1 de agosto de 2009

La alegría no es sólo brasilera.

Para aquellos escépticos que creen que el dinero no puede comprar amor, para los eternos descreídos, vean que barata la alegría.
Nuestro hombre en la Ciudad de Buenos Aires ha encontrado este lugar en dónde la alegría viene en cajón. Y es mucho más barata que los antidepresivos para un mes, sin los molestos efectos secundarios.