lunes, 1 de junio de 2009

Apuntes sobre la progresía bienpensante.


Ser progre es una cuestión de creencias. O descreencias.
Lo Trascendente no existe por una especie de decreto de necesidad y urgencia.
Si existiera, Algo sería testigo no testimonial de sus tropelías y existiría el riesgo de que su conducta fuera fiscalizada por una fuerza intangible, y con códigos indescifrables.
La mística progre se basa en la creencia irrevocable de que los pobres, por su estado de pobreza son buenos y todos los demás ocultan perversas intenciones: desde el empleado estatal hasta el profesional independiente son monstruos irredimibles a los que hay que eliminar, menos al progre mismo que suele estar en el amplio espectro antedicho, pero por su categoría de bienpensante debe ser salvarguardado.
El progre suele llegar a sitios de poder con el triunfo político de sus amigos, y por lo que Moyano ha dado en blanquear como dedocracia, antes llamada nepotismo, suele ser nombrado Jefe/Director interino/ Gerente de algunas de las Empresas o Instituciones nacionalizadas por su amigo.
El progre critica ferozmente aquello que ejecuta. En su conducta se manifiesta como mafioso, pero su discurso es altamente moralizante en el sentido anquilosado de la palabra moral.
El progre debe leer Página 12 e intentar evangelizar a los ignorantes que no han visto la luz.
Radar, debe ser portada como pancarta del bien pensar. Si Radar autoriza las películas de zombies, entonces hacerse fanático de La noche de los Muertos Vivos; si no es así elevar levemente las comisuras de la boca y poner el gesto universal de repugnancia.
En las reuniones, nada de diversión: una guitarra y canciones desconocidas, sobretodo zambas ignotas; lecturas eternizadas de denuncia social; poemas sin métrica ni poesía, pero que expongan las miserias del capitalismo serán bienvenidas. Mientras se manifiestan como estudiosos de la catadura de vinos, del tango, porque es nacional y popular, y de nuevos ritmos apabullantes, que mezclan en horrísono mixturaje el charango y el saxo tenor.
Un toque artístico siempre será alabado por sus amigos que son también progres del siglo XXI y que habrán renunciado, en sumisión a la realidad imperante, a los ideales de juventud, por lo que está permitido comprarse con el usufructo de su posición los autos más sofisticados. Nada de trenes y colectivos para estos progres de pacotilla.
Viajes a Europa amparados en la frase de Neruda: ¿ es que acaso por ser de izquierda no puedo tener un BMW?.
Asistir a cuanto congreso, mesa de debate, jornada aparezca, para faltar al trabajo, retroalimentarse y que trabajen los que no son progres.
Si, por esas sórdidas necesidades de la subsistencia algún día le toca trabajar, entorpecer con argumentos irrisorios el trabajo de los demás, paralizando la creatividad del que seguramente tiene más experiencia, por el sólo hecho de que nunca concurrió a los ágapes anteriormente enumerados.
La realidad cambia a cada instante, y las reuniones de charla y escucha narcisista no son los sitios adecuados para evaluarla. El que permanece en la trinchera, suele reconocer, por instinto de supervivencia, estas transformaciones. Pero el progre tiene el aval de la superioridad para poner palos en la rueda. Finalmente logra su objetivo que es no trabajar. Nadie quiere consultar a alguien que no tiene capacidad de actuar para remediar los problemas y sólo habla sobre ellos.
Exponer sin tapujos que el que no piensa como progre es seguramente fascista, oligarca o simplemente un estúpido.