domingo, 28 de junio de 2009

Incógnita


Si uno está despierto a estas horas verá dos hermosas estrellas por el lado donde sale el sol.
La más brillante es el Lucero del alba, Venus y a su lado, rojiza, Marte. Están en conjunción en Tauro.
Ayer se veían mejor. Una ligera neblina impide ver a Marte, pero ahí está.
Hoy es la noche de San Pedro y San Pablo.
Santos Conservadores y fundadores del Catolicismo, en Perú mañana se lo recuerda como el día del Papa.
Es decir que más ortodoxos no podrían ser.
Sin embargo, el sincretismo acude siempre a rellenar los misterios.
San Pedro porta las llaves. Es sabido el simbolismo de las llaves: nos enseñan que abren las puertas del cielo. Pero como toda llave, puede cerrar. Por tanto San Pedro ha tomado en el imaginario popular el papel de portero.Y ampliando el concepto puede abrir/cerrar los caminos de la vida/muerte.
San Pablo es representado con una enorme espada que al católico le recuerda su conversión camino a Damasco y su pertenencia a las huestes romanas en calidad de perseguidor.
Es fácil su asociación con un guerrero.
La superstición que algunos consideran superabundancia de la idea religiosa, los ha acercado a lo humano, desplazándolos de su condición de burócratas de las Instituciones.
Los romanos llamaban supersticiosos a los sobrevivientes que honraban demasiado a sus muertos. Servio directamente consideraba supersticiosas a las mujeres que llegaban a la ancianidad.
Esto abona una teoría: la de idénticos efectos mentales en concepciones primitivas, animistas:
la superstición estorba, está de más, molesta al claro juicio de la razón.
Santo Tomás la considera un vicio ya que tributa un culto divino a quien no se debe o de un modo indebido, no apropiado.
San Pedro en algunas casas de candomblé es sincretizado con Elegbará, el poderoso orixá mensajero que también tiene un bastón que es llave entre los Mundos.
San Pablo, y esto es una deducción personal, podría ser identificado con Oggún, ya que porta una enorme espada.
Su fiesta se festeja con fuegos la noche anterior. Deduzco que es una costumbre europea, celta, ya que ellos consideran el día desde que el sol se esconde hasta el siguiente crepúsculo.
El fuego purifica y transmuta. Regenera y construye, pero también destruye más rápido y más efizcamente que cualquier otro elemento. Así que en el imaginario animista nada más poderoso para destruir el mal.
Los humanos somos curiosos, hasta el más escéptico en una situación límite dudará.
Tememos los sucesos que sospechamos ingratos o devastadores. En un Universo desconocido y peligroso un común sentimiento de inseguridad nos acicatea para encontrar respuestas que nos tranquilicen.
Por una necesidad- ananké- superior al recto y veraz pensar que nos ofrece la Lógica, ansiamos seguridad.
Y como ejemplo de duda lo tenemos a San Pedro, quien por mantener su seguridad personal negó tres veces a su Señor. Y como modelo de intransigencia a Paulo persiguiendo cristianos.
Y para propiciar estas variables que la Razón no puede explicar es que prendemos fuegos y dejamos que nuestros primitivos temores sean quemados en la fogarata.
Sino queda un mísero sucedáneo: ponerse la misma camisa, o repetir conductas. Los políticos, los artistas, los policías y los ladrones, los médicos y enfermeras, todos tienen sus cábalas.
"Las multitudes se parecen a la Esfinge:es necesario resolver los problemas que nos propone su psicología o resignarse a ser devorados por ella"
Le Bon