martes, 23 de junio de 2009

La manta de Tránsito del Valle.



Cualquier humano normal aprovecharía estas horas para dormir.
Pero, ya no soy normal, bien sea por la edad, o por la aceptación de mi integridad.
Me levanté a las 4 A.M, justo una hora antes que el despertador.
Recorro la casa silenciosa y me preparo anímicamente para lo que sea.
Hace cuatro martes( el tiempo se mide de guardia en guardia) tuve que ir a la villa:
un paciente había entrado en crisis de agitación con heteroagresividad.
Cuando llego estaba el paciente subido a una tarima de cemento. En primera fila a cinco metros había un cordón policial de por lo menos 20 uniformados, detrás de ellos cincuenta o más espectadores riéndose de la actuación del paciente que por cierto, era un débil mental, de por lo menos metro ochenta y con sobrepeso.
Mi intención era desarmar la escena.
El paciente había sido provocado con golpes e insultos por parte de unas adolescentes.
Y habían despertado toda la frustración narcisista y neurológica de una mole humana que descontrolada, corría, escupía, y daba manotazos.
Firmé para la policía auxilio en Vía Pública.
Así deshice el primer cordón.
Intenté una droga milagrosa por vía oral, la vomitó.
Pero se bajó de la tarima.
Cada vez que hacía que me escupía ponía el universal gesto de defensa de la mano abierta.
Reté a varios que lo pateaban, reclamando respeto por mi trabajo, corrí al paciente en su absurda
carrera a través de las calles esquivando colectivos( sí señores, pasan colectivos por la villa), y cuando se deshizo el cordón de mirones y sólo quedaba la familia y algunos amigos recién ahí lo mediqué.
Puede decirse que no tuve tiempo para reflexionar, que me entregué al instinto, que confié en la intuición.
Pero por esa vez, esa sola me salió bien.
A los cuarenta minutos de la inyección, ya tranquilo, lo pudimos llevar a su casa. Con su madre y su abuela.
En un pueblo sería el loquito y todos lo cuidarían.
En Morón tenemos un esquizo feliz al que llamamos el loco de Malvinas, y que se vé que las voces le dice cosas agradables porque siempre sonríe y asiente. Se lo alimenta, y suele aparecer en lugares insólitos siempre por el centro de la ciudad.
En la villa, este chico que sufrió un trauma perinatal, es objeto de agresiones y burlas. Y había sido ubicado en el lugar del espectáculo del día.
Pasaron las guardias, y la semana pasada la abuela me mandó una hermosa manta al crochet en negro y beige( la abuela me sacó que el negro es mi color favorito), y yo quedé sin palabras y con un poquito de vergüenza: había hecho mi trabajo, para eso me paga el Estado. Es decir hasta yo me pago para hacer lo que tengo que hacer.
Pero algo, que se me escapa, y que trato de entender escribiendo, pasó en ese auxilio que mereció el plus de una hermosa manta.
Y estoy tan orgullosa de ella que la puse como fondo de pantalla en el celular con la palabra Recordar.
Me gustaría mostrársela, pero el móvil lo uso sólo el día de guardia, y funciona como el cencerro de las vacas, para que sepan por dónde ando por si hay una urgencia.
Así que este relato es para Doña Tránsito del Valle y Palas Atenea, patrona del tejido y de la estrategia, entre otras actividades.